Conferencias-21

Tiempo de Presentación y Entrega

Cada ponente contará con 20 minutos para su disertación, y deberá presentar un abstract de hasta 500 palabras sobre su temática. Este abstract formará parte de la publicación académica WINAREQ 2021*. La entrega del escrito deberá realizarse hasta una semana previa al iniciar el evento (12 de Noviembre).

CONFLICTiming
Daniele Rocchio, Riccardo Porreca

“La humanidad no está en ruinas, está en obras. Pertenece aún a la historia. Una historia con frecuencia trágica, siempre desigual, pero irremediablemente común.”

-Marc Augé, El tiempo en ruina (2003)

Es tiempo de reflexionar y de despreocuparse, de actuar y de abstenerse, de hablar y de callar, de salir y de ocultarse, de ir y de regresar. Es tiempo. Segundos, minutos, horas, días y años miran a la humanidad repetir ciclos interminables de eventos similares a si mismos, marcando un recorrido que lleva repetidamente a la necesidad de cuidarse de los conflictos. “Cuidar”, una palabra/verbo tan potente que muestra la capacidad del ser humano de actuar en función del bien propio y del bien común.

El actuar crea los antecedentes y las consecuencias de los hechos. Así que, el círculo temporal se desarrolla con pausas y aceleraciones propias de un constante devenir. La temporalidad es, convencionalmente, una realidad relativa que marca las percepciones sobre las bases de hecho concretos; sucesiones de momentos que crean memoria. Cada individuo, grupo, sociedad crea su propia memoria y le entrega el rol clave de tradición, entendida como transmisión obligatoria, para que se convierta en la base cultural de un pueblo, llegando hasta a justificar guerras, violencias y abusos en nombre de un más alto valor: la identidad. 

Si parte de la memoria se construye con violencia (física, psicológica, económica, política, sexual, simbólica), también se erigen cimientos sólidos del “cuidar” a la diferencia y a la otra edad, de unirse en pro del bien común aprovechando de las pausas y aceleraciones temporales con actuar constructivo y propositivo.

 

 

Pero ¿cuánto tiempo se dedica al conflicto y cuánto al cuidado? El análisis temporal (en cantidad y calidad) es una clave de lectura para entender cómo se puede crear identidad desde el encuentro, construyendo, en el tiempo y por medio de él, una sociedad del cuidado recíproco.

El conflicto (de. lat. conflictus) es un pleito y es parte de la memoria pasada, presente y futura. El futuro incluye el conflicto, se visualiza ya con él. La memoria se construye a través de un círculo de acciones y reacciones. Un repetir sin fin de violencia y cuidado que, a menudo, se vuelve violento en nombre de su propia defensa. En tal sentido ¿qué significa cuidar? Es fundamental reconocer los limites y las modalidades del actuar en nombre del cuidado. Es un asunto de alta complejidad si consideramos el conflicto como acción y el cuidado como reacción. Dependiendo de la fuerza de la acción, la reacción puede ser hasta más fuerte en términos de cantidad y calidad, en contra de las leyes de la dinámica, y el conflicto puede volverse circular en términos temporales.

Con estas reflexiones, que definen el conflicto inmerso en un sistema temporal cerrado y repetitivo, es posible definir una base de reflexión que pueda dialogar sobre las preguntas levantadas a lo largo del texto y meditar sobre lo siguiente: ¿Qué pasaría si la acción sea el cuidado en lugar del conflicto? ¿Habría una reacción de violencia en este caso o podría romperse el esquema de un tiempo circular en pro de una línea evolutiva constante y progresiva? 

La ciudades hoy en día son, más que en otras épocas, territorios en disputa, en donde no solo guerras si no también conflictos socioeconómicos alimentan el malestar y fomentan protestas, y se convierten en zonas de luchas físicas y tangibles, en donde los espacios se vuelven fronteras. Fronteras entre dialéctica y diálogo, entre contraposición y colaboración. Sin embargo, los territorios que habitamos reaccionan silenciosamente al conflicto con las relaciones: los actores responden a la división con la labor en equipo, generando renovados valores humanos y urbanos que producen nuevas acciones resilientes. 

Pero, ¿cómo habitaremos juntos los territorios actuales? Las dinámicas de las ciudades contemporáneas abren escenarios de dudas y debates, nos obligan a construir un pensamiento crítico y colectivo basado en diferencias que deben ser concebidas como fuente de riqueza de nuestro tiempo. 

El tiempo, con sus pausas y aceleraciones, es el lugar del vivir. ¿Qué lugar queremos?

Adrián Beltrán, Daniela Jácome

“¿Por qué no nos dicen continuamente que ustedes son unos pobres infelices como nosotros, que sus madres viven en la misma angustia que las nuestras y que todos tenemos el mismo miedo a la muerte, el mismo agonizar y los mismos dolores? ¡Perdóname, camarada! ¿Cómo podías ser mi enemigo? Si tiráramos estas armas y este uniforme, tú podrías ser mi hermano.” -Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente (1929).

Narrar el conflicto supone un acto movilizador para evidenciar quiebres, desacuerdos, fricciones que, desde las distintas miradas, motivan una trascendencia misma de los actos: delimitando un antes y un después. Contar estas vivencias, comprende una parte propia del individuo dentro de su entorno social y deja una parte de su humanidad en el relato escrito o gráfico. Supone una convergencia de miradas atónitas, indignadas, conmovidas, que elevan su voz para delimitar la esfera objetiva, o no, del conflicto. Estos espacios virtuales y reales son escenarios de la disputa y los actores, desde la visión protagónica o expectante, son quienes convierten estas diferencias en una discusión experiencial con desenlace abierto. 

Las miradas del conflicto surgen desde quienes lo viven, lo observan o lo investigan. Miradas que, desde sus distintas posturas, los convierten en protagonistas, espectadores o informantes. 

 

Quienes participan activamente de la disputa, como adversario, contrincante, víctima o victimario, así como los testigos o informantes que se convierten en la interpretación viva de un espacio de discusión, independientemente de su posición ante el mismo. Los narradores, desde el periodismo, el arte, buscan una postura crítica en sus diferentes formas de expresión para contar estas historias. 

Estos narradores, encaminan y graban su relato en los medios que dominan, o con los que cuentan a su alcance. Se han representado a través de historias o noticias escritas y verbales, pero también a través del arte, en ilustraciones y fotografías, desde Roger Fenton (Primer fotógrafo de guerra del siglo XIX), hasta Mads Nissen (Ganador del World Press Photo en el 2021). En la actualidad vemos estas historias representadas en viñetas gráficas e infografías que se vuelven virales en redes sociales, convirtiéndose en herramientas fundamentales para relatar estas vivencias recolectadas a través de entrevistas o testimonios de quienes forman parte del conflicto.

Una vez que la narrativa ha encontrado un medio para ser comunicada se enfoca en la forma de hacerlo, desde el ámbito descriptivo donde se expresa lo objetivo y lo tangible, o desde lo sensorial a través lo intangible y lo subjetivo. Ambas formas cuentan un espacio de debate, discusión y conflicto, convirtiendo a pequeños espacios arquitectónicos, hasta grandes zonas de escala urbana, en elementos sustanciales de estas memorias. 

Espacios contados desde la percepción del narrador, del ambiente multisensorial que los invade, y de la esencia misma del lugar. Espacios que, ante el relato, demandan una conciliación, una negociación: para escuchar y ser escuchados. El conflicto en sí mismo no es perenne; sin embargo, los recuerdos, las experiencias multisensoriales de ellos: sí. La verdadera trascendencia del conflicto debe enfocarse en las herramientas de negociación más que de permanencia del conflicto: acciones que movilicen el cambio y evolución de la disputa ante el cuidado de los varios actores.





Paola Bracchi, Dario Giordanelli

 

“El lugar donde fuerzas opuestas se confrontan, a menudo, se enfrentan, otra vez se encuentran, de toda forma entran en crisis” -Piero Zanini – Significati del confine. I limiti naturali, storici, mentali.

Los umbrales, definidos como espacios “entre” distintas condiciones, a menudo se presentan como inter-espacios que se pueden definir a través de dos tipos de conceptos: limite y borde. El limite, según la definición que procede desde la geografía, es una línea o término imaginario que se utiliza para dividir dos o más espacios. El borde es al mismo tiempo la línea que limita la parte exterior o más alejada del centro de una cosa y la zona contigua a esta línea. 

La unión de los determina un espesor que podemos asociar al ambiguo concepto de umbral (threshold); un espacio “entre” donde las diferencias se encuentran, donde las cosas acaban y empiezan, sin una dirección única. Esta falta clara de un punto de vista univoco a menudo define el umbral como un territorio de conflicto. Los Romanos personificaban este lugar de transición en Ianus, el diós con dos caras, al mismo tiempo relacionado al concepto de tiempo y de espacio. En caso de guerra el templo mayor ianico cerraba sus puertas, en caso de paz los portales se abrían. La concepción romana bien representa la condición contemporánea de los umbrales que viven una condición general de cierre. Desde las fronteras entre países y naciones hacia las puertas de las casas, se detecta un cambio respecto a la sociedad de la globalización y sus ideales de libre movimentación de productos y personas: la década de los ’20 empezó encerrando globalmente ciudadanos, confinando durante la pandemia y aislando físicamente las personas derrumbando la vida vida social.